
Me gusta absolutamente todo lo que incluye el ir a verte.
Me gusta tener que estar seis y media ahí.
Porque significa que empiezo el viaje a las cinco.
Lo que significa que empiezo a prepararme a las cuatro.
Me gusta peinarme despacito, rulito por rulito. Me gusta verme bien.
Me gusta pintarme los labios con mucha delicadeza.
Me gusta lo rápido que se despintan cuando me das un beso.
Me gusta caminar a las apuradas hasta la parada, porque cuanto menos tardo, más temprano llego.
Me gusta subir al colectivo.
Hasta Plaza Italia, gracias.
Me gusta que siempre haya un asiento libre. El mío.
Me gusta abrir la ventana.
Despeinarme con el viento.
Escuchar música y que te aparezcas en cada canción.
Me gusta el trayecto.
Lanús. Escalada. Valentín Alsina. Pompeya. Constitución. Almagro. Palermo. La plaza, el botánico.
Me gusta sentir como baja el sol y suben mis nervios.
Me gusta que los nervios nunca se hayan ido.
Me gusta arrancar el viaje bien sentada, e ir inclinándome como consecuencia de la impaciencia hasta no aguantar más y levantarme del asiento cinco paradas antes.
Me gusta quedarme parada sosteniéndome de las barras del colectivo mientras espero que por fin llegue a destino.
Cinco.
Cuatro.
Tres.
Dos.
Uno.
Me gusta bajar y que me tiemblen las rodillas, me tiemblen los dobladillos del vestido, me tiemble un poquito el corazón también.
Un paso.
Dos pasos.
Tres pasos.
Estás ahí. Mi vista pelea por encontrarte y se reconforta cuando alcanza su objetivo.
Porque estás ahí.
Esperando que cruce la calle.
Mirándome.
A mis rulos que tanto tarde en peinar.
A mis labios pintados que tan rápido van a despintarse.
A mí euforia. Mis nervios. Mi ansiedad.
A mis ganas de congelar todo ahí, en el momento en que te miro mientras me miras.
Sabiendo que tenemos muchas horas adelante que son nuestras.
Sabiendo que el “nuestras” te gusta tanto como a mí.
Porque te gustó tanto como vos a mí.
Porque me gustas tanto como los días en que me levanto sabiendo que me espera un largo viaje.
Que me preparo a las cuatro.
Para salir a las cinco.
Y estar a las seis.
Al lado tuyo.



